Ángel.

Y quiero confesarte que mi vida eres tú, el ángel de mi guarda el que me entrega su luz, el que ilumina el  callejón sin salida...


Tú, mi ángel. Si sí, no me digas que no te lo mereces. Por todo. No te lo voy a escribir, sabes que a veces sobran las palabras y faltan demostraciones. Nunca te he escrito nada, y ya iba siendo hora. Me gustaría saber en qué momento y a quién se le ocurrió cortarte las alas, el por qué está claro, para ponerte a mi lado. Mira que no darnos cuenta antes, es una pena. Pero para el, relativamente, poco tiempo que hace que nos conocemos de verdad, ha merecido la pena. No sé ángel, hay veces que te subes para el cielo y no nos vemos casi, pero sé que siempre estás ahí, vigilando que esté bien y no me pase nada, siempre dispuesta a hacerme sonreír.

Dicen que el ángel de la guarda es esa voz que tienes en tu interior que te dice lo que esta bien, lo que tienes que hacer, te da los sentimientos más bellos y un montón de chorradas más. Chorradas sabes por qué? Por que el verdadero ángel de la guarda es aquél que tiene esa súper sonrisa por las mañanas, y le dura el resto del día. El de verdad es el que te dice tanto las cosas buenas, como las malas, y el que te ayuda, te escucha y nunca te da la razón a la primera. Ese ángel que se mete contigo y dice, Pobrecita, cuando sueltas alguna parida.

Enfin, ese ángel eres tú, y no quiero que vuelvas al cielo nunca de los nunca.
Te quiero pequeña.

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